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Consumo de agua de los data centers: mito o realidad

FOTO DATA CENTER GREEN

Alberto García*

El debate sobre el consumo de agua en los data centers ha ganado protagonismo en los últimos años, especialmente al calor del crecimiento de la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento. Pero ¿hasta qué punto la idea de que estas infraestructuras consumen grandes cantidades de agua refleja la realidad?  La respuesta, como suele ocurrir, requiere matices.

Es cierto que el aumento de la densidad de computación ha incrementado las necesidades de refrigeración y, en consecuencia, el consumo de agua en determinadas tipologías de data center. Este incremento está directamente relacionado con la adopción de cargas de alta densidad y entornos HPC, donde los sistemas de climatización adquieren un papel crítico.

Sin embargo, centrar el análisis únicamente en este punto ofrece una visión parcial del problema.

Una cuestión de enfoque

Para entender el impacto real, es necesario ampliar el análisis. Si trasladamos el enfoque del Greenhouse Gas Protocol al consumo de agua, podemos distinguir tres ámbitos clave.

Por un lado, el consumo directo dentro del propio data center (alcance 1), asociado a los sistemas de refrigeración y medido a través del WUE (Water Usage Effectiveness). Por otro, el consumo de agua necesario para generar la electricidad que alimenta la instalación (alcance 2). Y, por último, el consumo asociado a la fabricación de los componentes electrónicos que hacen posible el funcionamiento de los servidores (alcance 3).

Esta lectura permite comprender que el consumo de agua no se limita a lo que ocurre dentro del data center, sino que forma parte de una cadena mucho más amplia.

El equilibrio entre agua y energía

En los últimos años, gran parte de los esfuerzos del sector se han centrado en reducir el consumo de agua en operación, optimizando el WUE. Es un objetivo necesario, pero tiene implicaciones que conviene tener en cuenta.

En muchos casos, la reducción del WUE implica un incremento del PUE (Power Usage Effectiveness) lo que se traduce en un mayor uso de agua en la generación de electricidad, especialmente en aquellos sistemas eléctricos con mayor intensidad hídrica. Dicho de otro modo, el ahorro de agua en el interior del data center puede verse compensado, en parte, por el aumento del consumo en origen.

En escenarios reales, como el de un data center de 20 MW IT, la sustitución de sistemas evaporativos por soluciones en circuito cerrado puede reducir drásticamente el consumo de agua en operación (WUE próximo a cero), pero a costa de incrementar el PUE de valores en torno a 1,1 hasta valores cercanos a 1,4. Este incremento energético tiene un impacto directo en el consumo de agua asociado a la generación eléctrica.

Cuando se analiza el conjunto, incluso eliminando prácticamente el consumo de agua en operación, el impacto global puede ser limitado.

Más allá del dato visible

Se suele pasar por alto un tercer elemento clave, el consumo de agua asociado a la fabricación de los componentes electrónicos. En un data center de alta computación, el consumo de agua ligado a la producción de servidores puede alcanzar órdenes de magnitud superiores al consumo directo en operación. Este factor, especialmente relevante en entornos de inteligencia artificial, refuerza la necesidad de incorporar el alcance 3 en cualquier análisis riguroso.

El impacto del consumo de agua no es homogéneo y depende en gran medida del contexto geográfico. En países como España, donde el mix energético cuenta con una elevada presencia de renovables, la intensidad hídrica de la generación eléctrica es inferior a la de otros mercados. Esto implica que decisiones de diseño similares pueden tener efectos distintos en función de la localización del data center, especialmente en lo relativo al equilibrio entre consumo de agua y consumo energético.

Todo avance en la reducción del consumo de agua es positivo y necesario. Sin embargo, centrarse exclusivamente en el consumo en operación no permite capturar la complejidad real del problema. La optimización pasa por adoptar una visión holística que tenga en cuenta no solo la eficiencia interna del data center, sino también el origen de la energía, la ubicación de la infraestructura y el impacto de la cadena de suministro.

Más que perseguir el “consumo cero” en un único punto, el reto está en entender dónde se produce realmente el impacto y actuar en consecuencia.

*Alberto García es socio y commercial manager de Aguilera Ingenieros.

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